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LOS CASTILLOS DEL REY LUIS II DE BAVIERA

Castillo de Neuschwanstein, palacio de Herrenchiemsee y Cía.: Luis II de Baviera, un rey de cuento de hadas y sus castillos

El rey Luis II de Baviera sigue gozando hoy en día de una gran popularidad. Todavía hoy puede verse a viejos bávaros con Luis II: pequeñas imágenes llenas de sombreros tradicionales reposan sobre la mesa. Sin duda, él y sus castillos son el cartel turístico de Baviera en el mundo. Puede que los muniqueses vean las cosas con algo más de sobriedad, ya que Luis II no hizo nada por Múnich; el soberano odiaba la ciudad. Tras varios enfrentamientos con el Parlamento bávaro se retiró amargado de Múnich. Luis II no era en absoluto demócrata, a él le habría gustado más bien ser un monarca absolutista. Eso ya no era posible a mediados del siglo XIX en Múnich, por eso construyó sus palacios muy lejos de su detestado Parlamento. Desde el punto de vista arquitectónico, sus palacios se encuadran en el historicismo, un movimiento imperante en la época que consistía en imitar estilos de otras épocas y copiar edificios enteros.

 

Rey Luis II de Baviera: el Palacio nuevo de Herrenchiemsee

 

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Casi tan bello como Versalles: el Palacio de Herrenchiemsee (foto: Flickr.com/digital cat)

 

Luis II admiraba a sus arquetipos franceses, los monarcas Borbones, sobre todo a Luis XIV. Ello se refleja también en sus palacios, pues todos ellos son de estilo francés. En el caso del Palacio de Herrenchiemsee, es obvio que lo que se levanta en el centro de la isla de los Caballeros en el lago Chiemsee es una réplica de Versalles. Sólo se copió la parte central de los jardines delanteros de la época de Luis XIV. Imitar la totalidad del complejo de Versalles habría sido muy caro, pues aquel palacio había sido concebido para 10 000 cortesanos y era producto de varios siglos. Habría sido demasiado espacio para un solo rey sin corte. En el auténtico Versalles, la nobleza se peleaba en aquella época por cada habitación que quedaba libre. Luis II pasó solo unos pocos días en su palacio, que nunca llegó a estar terminado. Si se comparan el original y la copia, algo llama la atención: se echa de menos la mayor y más formidable obra de arte, los jardines de Versalles. A cambio, a uno le esperan en Herrenchiemsee senderos románticos de ensueño, un recorrido en barco por el lago Chiemsee y, por supuesto, si el tiempo lo permite, las vistas de los Alpes.

 

Cómo llegar: por la autopista A8 (Salzburgo-Múnich), salida Bernau en dirección a Prien am Chiemsee. Al llegar a la glorieta de Prien, seguir los carteles indicadores (Chiemsee o palacio). Desde Prien/Stock salen regularmente barcos con destino a la isla de los Caballeros (Herreninsel). Encontrará los horarios del tren de Chiemsee, así como de los trayectos en barco, en www.chiemsee-schifffahrt.de.

 

Rey Luis II de Baviera: el castillo de Neuschwanstein

 

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Un decorado de fama mundial: Neuschwanstein (foto: k4dordy)

 

Este palacio es uno de los monumentos más famosos del mundo. Como en un cuento de hadas, reina sobre una montaña rodeado de un paisaje espectacular. La inspiración para construir el palacio le llegó al rey Luis II de Baviera mientras se encontraba de visita en Francia, en el castillo de Pierrefonds. El arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc estaba reconstruyendo las entonces ruinas con el fin de levantar una residencia privada para Napoleón III. La Edad Media francesa gustaba de las que se convertirían en las típicas torres redondas de Neuschwanstein. Más que una construcción defensiva medieval, el castillo de Neuschwanstein fue una puesta en escena, un decorado para una representación romántica de la Edad Media. Luis II amaba la música de Richard Wagner y, por ende, todas las visiones idealizadas de la Edad Media alemana. Así, en el interior nos aguardan diversos frescos con representaciones de las óperas Parsifal y Lohengrin.

 

Desde el punto de vista arquitectónico, el palacio se encuadra por completo dentro del historicismo europeo. En aquella época se construían castillos románticos también en otros lugares, pero ninguno tan bello como este. El edificio puede parecer medieval, pero en su construcción se utilizaron todos los avances técnicos del siglo XIX. Así, por ejemplo, se instalaron calefacción y agua corriente. Y también se empleó el material más avanzado de aquella época: el acero. Bajo las columnas se ocultan vigas y perfiles de acero.

 

Cómo llegar: por la autopista A7 (Ulm – Kempten – Füssen) hasta el final. Desde Füssen, por la carretera nacional B17 en dirección a Schwangau; al llegar allí, girar a la derecha en dirección a Hohenschwangau. En Hohenschwangau hay solo un aparcamiento privado de pago (5 euros / coche a fecha 1.4.2011). Con el tren (Deutschen Bahn) (www.bahn.de), a Füssen, y después con el autobús RVA/OVG 73 en dirección a Steingaden / Garmisch-Partenkirchen o el autobús RVA/OVG 78 en dirección a Schwangau hasta la parada de Hohenschwangau / Alpseestraße.

 

Rey Luis II de Baviera: Linderhof

 

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Opulento interior del pabellón árabe (foto: Flickr.com/Oefe)

 

Fue en Linderhof donde el rey Luis II de Baviera se alojó durante más tiempo. Le encantaba ese pequeño refugio. El edificio, de un ampuloso estilo neobarroco, recuerda a los palacetes de recreo franceses, pero sin su distinción y su elegancia. El interior del palacio está decorado en estilo rococó. Como en el Palacio de Herrenchiemsee, aquí también un mecanismo instalado en una mesa permitía subir la comida, en una especie de "mesita, pónte sola". Pero lo más destacado son las edificaciones del jardín: el pabellón árabe, la casa marroquí, la llamada "cabaña de Hunding" y la ermita de Gurnemanz. Y el punto culminante: la mágica gruta de Venus, un decorado sacado de la ópera Tannhäuser de Wagner. Al rey Luis II le gustaba dejarse llevar por la gruta en una góndola con forma de caracola, con mágicos juegos de luces y la música de Wagner de fondo. La entonces joven empresa BASF participó en la realización de los juegos de luces. Hoy en día el decorado está muy deteriorado y cubierto de redes y andamios para proteger a los visitantes del desprendimiento de los bloques de cemento. Se está preparando la rehabilitación del espacio.

 

Cómo llegar: por la autopista A95 y la carretera nacional B2 hacia Oberau. Una vez allí, seguir las indicaciones para coger la carretera B23/Ettaler en dirección a Ettal. Pasado Ettal, girar a la izquierda para coger la carretera ST2060. En Linderhof, girar a la derecha en dirección al palacio. Con el tren (www.bahn.de), a Oberammergau, y después con el autobús 9622 hasta Linderhof.

 

Rey Luis II de Baviera: la casa real en Schachen

 

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La cabaña de Schachen se encuentra a 1800 m de altitud (foto: Flickr.com, Mundus Gregorius)

 

Este palacete de madera se encuentra a 1866 m de altitud en Schachen, una montaña al sur de Garmisch-Partenkirchen. Se llega a él a pie desde el hotel de lujo Schloss Elmau, por el denominado "sendero real". En la planta baja, el edificio no tiene nada de particular, pero en el piso de arriba aguardan "Las Mil y Una Noches": la habitación turca, cubierta de preciosos tapices, una fuente, plumas de pavo real, jarrones y candelabros. La luz se descompone en mil colores al pasar por los cristales coloreados de las ventanas. La habitación se inspira en los palacios de estilo turco. Se tardan unas 3 o 4 horas en llegar desde el valle hasta esta pequeña joya.

 

Cómo llegar: desde la estación central de tren de Múnich (Starnberger Flügelbahnhof) a Klais (salen cada hora). El billete de ida cuesta unos 16 €. Desde Innsbruck (Austria): coja el tren a Mittenwald y una vez allí continúe hasta Klais.

 

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Hoy es preciso reconstruirla: la gruta de Venus (foto: Flickr.com, Allie Caulfield)

 

Luis II había planeado más castillos y edificios, como un palacio de estilo bizantino cerca de Linderhof, pero nunca se llegaron a construir. El final de la historia es de sobra conocido.