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LA VIDA TE DA SOPRESAS

... sorpresas te da la vida.

Son las 10 de la mañana, un nuevo día en Munich. Una nueva oportunidad y una nueva experiencia que poder contar a los demás. Lo afronto de la mejor manera posible, dentro de lo que mis ojos cansados me permiten, pero le echo ganas. Me hago la remolona hasta que, como siempre, me doy cuenta de que o mi reloj se adelanta, o yo me he vuelto a despistar.

 

Paraguas en mano y botas de agua. El hombre del tiempo ya había avisado de que hoy la lluvia nos acompañaría durante todo el día. El cielo gris, como de costumbre. Pero un gris al que se le coge cariño, sabes que aquí más que en ningún sitio, si no puedes con el enemigo, te tienes que unir a él. En Munich el mundo no se para por cuatro, cinco, diez o incluso veinte gotas. De hecho no se para por nada. Cuesta entenderlo, teniendo en cuenta que sólo tres gotas me bastaban para quedarme en casa con una mantita.

 

Salgo corriendo. Munich me espera, o mejor dicho, el alemán me espera. No puedo pretender vivir aquí y no poner de mi parte para integrarme con los demás. Tenía entendido que el alemán era una lengua fea, sin ofender a nadie. Pero con el tiempo te das cuenta de que escuchar la palabra “Vielleicht” suena hasta bonita. Algo tiene esta lengua que me empieza a conquistar. Va transcurriendo el día entre sonidos de lluvia y la voz de la profesora que lucha para ser escuchada por el resto de alumnos. Muchas culturas juntas en una misma aula. Muchas personas distintas que por lo menos coinciden en dos aspectos de sus vidas: a todas por algún motivo, ya sea necesidad o ganas de aprender, les llama la atención la lengua y segundo, les gusta Munich. Todas desean aprender y crear un futuro e intentan abrirse camino en la ciudad del Oktoberfest.

 

Y sigue lloviendo, hoy las nubes estaban muy cargadas. Con la lluvia el cielo se va volviendo más gris, esta vez no es de mi agrado. Intento llegar a casa sin pasar antes por una secadora, y lo consigo, ya estoy a salvo. Me encanta la lluvia, siempre que la vea desde casa. Escuchar cómo caen las gotas en el suelo, ver cómo los coches al pasar mojan a la gente que está en las aceras, oir gritos de las personas que se olvidaron el paraguas en casa... Qué bonita es la lluvia, podría pasarme el resto del día mirando por la ventana, pero me llaman las tareas domésticas, muy a mi pesar.

 

Acabo la faena. Por momentos me había olvidado de la lluvia, pero escucho que sigue ahí. Quiero retomar el momento donde lo dejé antes de limpiar. Vuelvo a mi ventana, echo un vistazo, sólo un vistazo y me doy la vuelta. Me paro en seco, ¿qué acaban de ver mis ojos? Me vuelvo a girar. La lluvia buscaba compañera y nos trajo copos de nieve. Algo impensable si tenemos en cuenta que estamos a 10 de octubre. Nieve, es nieve, y no me lo termino de creer. Copos blancos, enteros y mojados. Copos que no podrán ser un muñeco de nieve porque la lluvia no lo ha permitido. Qué lluvia más egoísta y qué impredecible es el tiempo.

 

Sin embargo, esto me alerta. El invierno quiere adelantarse, pero mientras llega, yo seguiré mirando por mi ventana…


 

Nombre: María Pardo Alcaide

Edad: 24 años.

Procedencia: Gran Canaria, España. 

Estudios: Periodismo y publicidad y relaciones públicas en la Universidad San Pablo CEU de Madrid. 

Motivos por los que vine a Munich: estudiar mi último año de carrera en la Ludwig Maximilian Universität con una beca Erasmus.

Motivos por los que decidí quedarme en Munich: mejorar el idioma, disfrutar de esta ciudad tan bonita y aprender de la cultura alemana. 

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