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GRANDES COMPOSITORES DE LA HISTORIA DE MÚNICH

Algunos grandes compositores recalaron en Múnich o vieron aquí la luz del mundo de la música

La dinastía de los Wittelsbach gobernó Múnich durante cientos de años. En la Corte de los duques y príncipes de Wittelsbach una cosa no podía faltar nunca: la música. Los señores de Múnich gastaron durante siglos mucho dinero en divertirse como príncipes y hacer gala de su importancia en Europa. Y es que la música y los compositores servían también para dar prestigio y reputación a una Corte. Así, Múnich ocupó un lugar destacado en la Historia de la música europea y algunos de los más grandes compusieron en nuestra ciudad.

 

Orlando el Grande

 

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El compositor más importante de la corte muniquesa fue sin duda Orlando di Lasso (1532-1594), uno de los más grandes músicos del Renacimiento. Aunque su nombre suene a italiano, Orlando di Lasso nació en los Países Bajos borgoñones, la actual Bélgica. También se le conoce como Roland de Lassus. Lassus llegó a la Corte de Múnich cuando ya era un gran compositor y toda una celebridad en Europa. El entonces duque Albrecht V de Baviera contrató los servicios de la estrella por una suma principesca. En aquel entonces, los honorarios de Orlando eran más elevados que los de ningún otro compositor en toda Europa. Comparado con nuestros días, es como si la princesa Gloria von Thurn und Taxis contratara a Elton John para que tocase en su palacio de Sankt Emmeram, solo que no para una noche, sino durante el resto de su vida. En Múnich, Orlando di Lasso compuso música sacra, pero también para fiestas y celebraciones. Permaneció aquí hasta su muerte, 38 años en total. Delante del hotel Bayerischen Hof se erige un monumento en su memoria, adornado hoy con mensajes de los fans de Michael Jackson. La casa Orlando en Platzl lleva ese nombre en su honor, y en la planta baja del edificio, el chef Alfons Schuhbeck dirige el restaurante "Orlando".

 

Agostino Steffani

 

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Agostino Steffani (1654–1728) acaba de ser redescubierto por la cantante de ópera Cecilia Bartoli, que dedica su último álbum, Mission, a las obras de este compositor. Steffani contaba doce años cuando llegó de Italia como niño cantor a la Corte muniquesa, donde se formó como compositor. El entonces príncipe elector Fernando María de Baviera se lo trajo consigo de un viaje por Italia. En Múnich, donde vivió durante 21 años, compuso motetes, ballets, canciones de carnaval y también sus primeras óperas, escritas bajo la influencia de Lully (nacido Lulli), el también italiano compositor de la Corte de Luis XIV. Cuando no pudo conseguir el puesto de maestro de capilla de la Corte, Steffani volvió a Hannover.

 

Mozart y Múnich

 

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También Mozart recaló en Múnich, donde casi se convertiría en compositor de la Corte. Pero no le quisieron: el entonces príncipe elector Carlos Teodoro de Baviera le denegó el puesto. Ello no tuvo tanto que ver con las dotes como compositor de Mozart como con sus habilidades organizativas. Un compositor de la corte tenía que ser también en gran parte un organizador. El príncipe Carlos Teodoro entendía algo de música. Suya era la mejor orquesta de Europa en aquella época, la orquesta de la hoy conocida como "Escuela de Mannheim", ya que Carlos Teodoro procedía de Mannheim. Tras la muerte sin hijos del príncipe elector Maximiliano III José, la rama Bávara de la dinastía Wittelsbacher se extinguió y el electorado pasó a la rama Palatinado-Sulzbach. La ciudad en la que residía Carlos Teodoro, Mannheim, ejercía en aquella época como centro de la cultura y la música de toda Europa gracias a este monarca amante de las artes. Cuando supo del legado bávaro que había heredado, apenas le hizo gracia y se mudó de mala gana con su corte a la entonces provinciana Múnich. Pero se llevó consigo a su famosa orquesta, para la que Mozart compuso, con motivo de los carnavales de 1781, una obra de encargo, la ópera seria Idomeneo, que se estrenó en el teatro Cuvilliés. Para que Mozart se quedara en la ciudad, algunos ciudadanos acaudalados de Múnich llegaron incluso a reunir dinero, pero de nada sirvió: Mozart se mudó a la más grande y lucrativa ciudad de Viena.

 

Luis II y su amor por Wagner

 

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Legendaria es la relación entre otro de los monarcas de la dinastía Wittelsbach y un compositor famoso: la de Luis II de Baviera y Richard Wagner. En Múnich se estrenaron las óperas Tristán e Isolda, Los maestros cantores de Núremberg, El oro del Rin y La valquiria. Luis II solía disfrutar de estrenos privados para él solo en el Teatro Nacional de Múnich. Le gustaba tanto Wagner que quería construirle en Múnich su propio teatro de la ópera. Habría de erigirse sobre el río Isar, no lejos de donde se encuentra hoy el Maximilianeum. Pero los muniqueses no querían a Richard Wagner y su teatro de la ópera (demasiado caros), por lo que Wagner tuvo que esperar para construir su teatro, y lo hizo en la ciudad franconia de Bayreuth. Luis II volvió amargado a Múnich. El resto de la historia puede verse actualmente en los cines.

 

Richard Strauss: dirigir y jugar a las cartas

 

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El único muniqués de pura cepa entre los grandes compositores de la Historia es Richard Strauss. De hecho, también nació aquí. Su madre procedía de la dinastía de cerveceros Pschorr, una de las familias más ricas de Múnich. Richard Strauss creció en la ciudad, interrumpió sus estudios de Filosofía e Historia del Arte y se dedicó a la poesía sinfónica. En Múnich celebró sus primeros éxitos con composiciones muy influidas por la música de Richard Wagner. En 1886 firmó un contrato como maestro de capilla en la ópera de la Corte de Múnich. Más tarde se mudó a Berlín y a Viena, y viajó por todo el mundo, llegando incluso a visitar América del Norte. Del viejo Strauss se cuentan varias anécdotas; así, se dice por ejemplo que cuando dirigía sus propias obras no paraba de consultar una y otra vez la hora en el reloj. Y es que quería terminar puntual para jugar después a las cartas.