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DELICIAS MUNIQUESAS: HISTORIAS CURIOSAS

Lo que seguro que no sabía sobre las salchichas, la Radler, la Ley de pureza, y muchas otras cosas.

Es un hecho que las salchichas blancas y la cerveza son tan típicas de Múnich como la Oktoberfest y la iglesia de San Pedro. Pero también lo es que el muniqués medio sabe contar en la mayoría de los casos mucho más sobre el pasado de estos famosos emblemas que sobre las historias (mucho más divertidas) que dieron origen a la Ley de pureza, al litro de Radler o al aperitivo bávaro por excelencia: la salchicha blanca. Un incordio que no puede tolerarse en ningún caso y que pide a gritos una aclaración inmediata.

 

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La Ley de pureza: una ley de estupefacientes histórica

 

El 23 de abril de 1516 es una fecha sagrada para los amantes de la cerveza. Ese día, el duque Guillermo IV de Baviera promulgó la Ley de pureza, que sigue vigente en la actualidad. En aquella época, las leyes de pureza no eran en sí ninguna novedad: casi todas las ciudades tenían la suya, y ya en 1447 los muniqueses habían estipulado que "su" cerveza debía componerse solo de cebada, lúpulo y agua. Lo nuevo del decreto de Guillermo era que también regulaba los precios, y no sólo para Múnich, sino para toda Baviera. Hasta ahí, todo bien, pensará el lector benévolo. Pero, ¿qué diablos tiene que ver una ley que regula la elaboración de la cerveza con las drogas?

 

Suena cómico, pero la explicación es muy sencilla: en la Alemania de aquella época era práctica común añadir a la cerveza beleño, romero silvestre, adormidera, nuez moscada, belladona o ajenjo, todas ellas plantas psicoactivas. Es posible que por aquel entonces, llegados a un punto no hubiera que luchar solo contra una pequeña borrachera, sino quizá contra un cuelgue de tomo y lomo. Con la Ley de pureza se logró acabar por fin con esos efectos secundarios.

 

De Radler y rusos

 

La muy extendida práctica de mezclar la cerveza (respetando estrictamente la Ley de pureza) con limonada azucarada tiene otros orígenes totalmente distintos. La más famosa de las combinaciones con cerveza, la Radler (llegados a este punto hay que aclarar que la mezcla de cerveza rubia y limonada recibe el nombre de "Radler" en Baviera; nada de "Alster", "Alsterwasser" ni "Potsdamer", y desde luego, tampoco "Stange") surgió al parecer de una situación de emergencia en la cervecería al aire libre Kugleralm en Deisenhofen. El dueño, Franz Xaver Kugler, tuvo en aquella época la idea, muy al estilo de los modernos estándares de gestión empresarial, de maximizar las ganancias de su pequeña empresa y para lograrlo decidió acceder a un nuevo grupo de clientes objetivo.

 

Su elección recayó sobre los ciclistas, quienes ya en aquella época hacían inseguro el paisaje bávaro subidos a sus estilizadas bicicletas. Así, este restaurador hizo construir en 1922 un carril bici que atravesaba el bosque y llegaba al Kugleralm. Según la leyenda, el primer sábado del mes de junio irrumpieron allí cerca de 13 000 ciclistas sedientos. Con tal avalancha no había contado el tabernero, a quien el miedo a quedarse sin cerveza que despachar le hizo recordar de repente las numerosas botellas de limonada que tenía en la bodega. Ni corto ni perezoso, Kugler empezó a mezclar cerveza rubia y limonada: ¡había nacido la Radler!

 

El litro de "rusa", en cambio, es el resultado de una auténtica revolución: al término de la Primera Guerra Mundial, comités de trabajadores y soldados de la llamada Revolución de noviembre ocuparon la cervecería Mathäser am Stachus. En tal alegre y festivo cuartel general, Kurt Eisner, su barbudo líder, declaró a Baviera Estado libre. Para asegurarse de poder defender la base con garantías, los soldados del Ejército Rojo aguaron la cerveza con soda. Los "rojos" eran conocidos popularmente en aquella época también como "rusos", por sus vínculos con los comunistas de aquel país, y de ahí tomó su nombre la mezcla de cerveza con gaseosa.

 

Con la cerveza, las cosas se ponen serias: la primera Revolución de la cerveza

 

Por cierto: la tan apreciada bebida fermentada de los muniqueses desencadenó también una revolución. La decisión de Luis I de Baviera en 1844 de subir en un pfennig el precio de la cerveza fue la gota que colmó el vaso para los muniqueses y provocó la primera Revolución de la cerveza. Cerca de 2000 ciudadanos recorrieron la ciudad cometiendo actos de vandalismo y asaltando sedientos las cervecerías. Tampoco sirvió de nada recurrir al ejército, ya que los soldados desobedecieron las órdenes sin más. El rey se vio obligado a retirar la subida pocos días después. Moraleja: cuando se toca la cerveza, en Múnich la cosa se pone seria rápidamente.

 

La salchicha blanca, o la alta cocina al estilo de Baviera

 

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Una de las leyendas más bonitas de Múnich gira en torno a la delicia culinaria más famosa de las tierras bávaras: la salchicha blanca. Al igual que la Radler, tuvo su origen en una situación muy delicada. El dueño en aquella época del restaurante "Zum ewigen Licht" en Marienplatz, Sepp Moser, se quedó al parecer sin tripa de oveja para preparar sus salchichas de ternera. El aprendiz al que mandó a comprar más le trajo en su lugar tripa de cerdo, mucho más gruesa y correosa. Ante tal situación de emergencia (cualquiera que haya trabajado en hostelería alguna vez sabe que no se puede jugar con los muniqueses hambrientos: aguantan tan pocas bromas como los muniqueses sedientos), Moser llenó las tripas con la carne picada y escaldó las salchichas en agua hirviendo porque tenía miedo de que la tripa de cerdo pudiese reventar al freírlas. A sus clientes les entusiasmó la salchicha blanca, y desde entonces, Múnich cuenta con otra delicia gastronómica más.

 

 (Foto de portada: Timmmmmmm, Flickr.com; cerveza: siegertmarc, Flickr.com; salchicha blanca: Herr Bert, Flickr.com)